Pensamientos en New York.

En esta ciudad han vivido tantas personas queridas, tantas. Una de ellas Reinaldo Arenas, sólo lo vi personalmente en dos ocasiones; pero leerlo me lo hizo sumamente cercano. Hoy me siento particularmente triste, hace un calor de mil castros, y no puedo concentrarme en lo que me interesa de estas calles. Pienso en Reinaldo, ¿qué hubiera dicho por estos días? ¿Qué habría escrito? Es fácil imaginarlo, hubiera escupido toda su rabia y su ira, tal como hacen los grandes escritores, tal como hizo siempre.

Hace un tiempo, Juan Abreu me dijo algo así como que cuando escribía pensaba en Reinaldo Arenas, es lógico, fueron amigos y se acompañaron en este asqueroso y penoso exilio; y que además invariablemente se preguntaba si Reinaldo habría estado orgulloso del resultado de sus escritos. Es, a mi juicio, el mejor motivo, una razón mayor para escribir: el ansia de comunicar con un amigo desaparecido.

A mi eso me sucede con Guillermo Cabrera Infante, a quien ahora imagino junto con Miriam Gómez, recorriendo estas avenidas, entrando en un cine o en un restaurante, contándonos un chiste, o rememorando La Habana, ciudad perdida. Y cuando digo «perdida» es perdida en sí misma, en toda ella como ciudad. Porque ninguno de nosotros perderá jamás sus recuerdos, es nuestro tesoro. Lo peor habrá sido quedarse y ver morir La Habana, en una agonía estéril.

Hace dos días anduve con Eufrates del Valle, hablamos de Cuba, de los mequetrefes que irán a cantarle al Caga Andante, y de proyectos blogueros. Don Eufrates me mostró sitios nuevos, disfrutamos de otros que ya yo conocía; en dos años de ausencia la ciudad ha cambiado de manera fascinante.

Este es mi viaje número diéciseis a New York, he vivido en todos sus barrios, incluso en el Harlem hispano, en un vetusto edificio lleno de huracos en las paredes, allá por los ochenta. Amo profundamente esta ciudad, en las buenas y en las malas.

Pienso en el cine de Manuel Marzel, en el de Ricardo Vega. ¿Cómo podríamos hacer una película aquí en Nueva York que no sea exclusivamente sobre la ciudad, si la ciudad es el gran personaje de todos los filmes anteriores que se hicieron en ella?

Ayer almorcé con la escritora, periodista y cineasta Mari Rodríguez Ichaso, frente al MoMa, luego entramos al museo. Mi hermano, Gustavo Valdés, curador de arte, se nos juntó. Hablamos de otros proyectos cinematográficos, esta vez en París. No tenemos un estado detrás que nos apoye, nos decimos. Es cierto, pero esto nos permite funcionar libremente, lo que finalmente queríamos. La cosa siempre ha ocurrido de la siguiente manera: Los exiliados tenemos ideas, luego vienen los parásitos de adentro y concluyen nuestras ideas con el respaldo de la dictadura. Dégoutant!

Esto es Nueva York para mí, paseos, pensamientos, escritura.

Por la noche vamos mi hermano, Mark, su amigo, y nosotras, a cenar a Azúcar.