SEC. 62.- INT. NOCHE. FB. APARTAMENTO EN VARADERO
Reunidos en el apartamento se reparten el botín. El Tuerto alinea cocaína con una mohosa cuchilla de afeitar.
MATTHEUS:
-¿Y el gao este de quién es, tuyo, Tigre?
EL TIGRE FABRÉ:
-¡Qué va, yénica! ¡Qué más quisiera yo! Esto es de un socito de las altas esferas, implicado en el bizne. Me lo presta de vez en cuando para… (hace gesto de templar con el puño de la mano cerrado) Tú ni te imaginas a cuántos machos y a cuántas “machas” he impresionado yo con este lugar…
KACHITA:
-¡Allá las que se dejen impresionar con semejante basura!
EL TIGRE FABRÉ:
-Tú no, Kachita, tú eres distinta, tú tienes otro nivel. N’a que ver con los puntales que traigo aquí. Tú eres níquel, oro puro.
EL TUERTO:
-Por eso y para eso es mi hermanita, mía solo, p’a mi n’a má. ¿Eh, bandolera?
El Tuerto acaricia la cicatriz que tiene Kachita en el brazo.
EL TUERTO:
-¿Quién te grabó este recuerdo, mami?
Kachita le mira de reojo.
EL TUERTO:
-Para que me obedezcas como una perra.
Kachita se levanta y va a probarse un collar de diamantes de los robados, en el espejo enmarcado en dorado. El Tuerto se sirve más whisky con hielo. El Tigre Fabré coge el rumbo de la cocina, Mattheus lo sigue. En la cocina:
MATTHEUS:
-¿Cómo fue lo de la cicatriz?
EL TIGRE FABRÉ:
-Ah, eso, te interesa mucho esa chiquita, no es bueno… Anti-saludable. En fin, allá tú con tu condena. Oká, lo de la cicatriz, se la hizo él antes de caer en cana. Ella está orgullosísima del tajazo. Estaban fajándose los dos, en medio de la calle, él sacó la cuchilla y ¡zas! Un rajón, acudieron dos tipos para defenderla, consiguieron atrabancarlo, y qué te parece que Kachita se les abalanzó como una fiera, chillando, les arañó las caras. (Tigre Fabré imita ahora griticos femeninos caprichosos:) «¡Dejen a mi hermano, déjenlo!» Los tipos se perdieron, y ellos, se fueron a templar cada uno por su lado, muy satisfechos.
Mattheus enfurecido sale de la cocina en el mismo instante que El Tuerto entra.
EL TUERTO:
-¿Y qué se jama en esta casa hoy?
EL TIGRE FABRÉ:
-En eso estamos. Precisamente en eso estábamos.
La contrabandista saca un pernil de puerco del congelador.
Mattheus sale a una amplia terraza con hermosa vista a la playa. Kachita se le une. El se aparta a una esquina, evitándola. Ella se le junta. El mira hacia el mar, la joven se sitúa de espaldas al mar y le toma la mano. El la rechaza.
MATTHEUS:
-¿Tú estás llevando carta de que ya dejamos de ser bizneros para meternos a asaltadores de caminos?
KACHITA:
-Oye, ¿y qué, cuál es la diferencia? Ah, sí, ahora seremos ricos… Estás celoso.
MATTHEUS:
-Sí, ¿y qué hay con eso?
KACHITA:
-(Suelta la carcajada) No tienes ningún motivo para estarlo. Es sólo mi hermano, un animal, mi chino. Una bestia a quien nos conviene mantener enjaulado en la jaula de mi piel.
Kachita le besa los labios. En eso aparece El Tigre Fabré, se contonea, lleva unos platanos chatinos en una bandeja.
EL TIGRE FABRÉ:
-Cojan, para que vayan haciendo boca. Aunque veo que ustedes se la hacen solos. No, yo no he visto na-da, na-di-ta. Oye, Kachita, llamó el coronel Quesada, hay un negocio interesante. ¿Qué les parece si te vas a Miami y me mandas gente p’acá? Ya se lo comenté al Tuerto, de los contactos que hice cuando él estaba en cana, y aceptó. Tú te vas, me mareas a unos ricachones de la mafia de Miami, y acá nos encargamos nosotros.
KACHITA:
-No es mala idea, falta que me hace de ir rajando de aquí por un tiempo.
EL TIGRE FABRÉ:
-Pero para eso hay que portarse bien, mira que si el monstruo de tu ‘bróder’ los parte a ustedes en el guasabeo, nos fastidia a todos. Todavía se cree el jefe… Bueno, hasta ahorita, lo dejé cortando el puerco, déjenme apurarme no vaya a ser que me haga picadillo el pernil. Nadie se ha atrevido a decirle que la jefa ahora eres tú.
MATTHEUS:
-Y yo, aseronga, ¿yo qué pinto en todo esto?
EL TIGRE FABRÉ:
-A ti te tocará tu parte, no te apures, pero calma. Y cuidado, que éste no los atrape en el brinco, no quiero tener que explicarle al dueño del apartamento que tuve que botar una alfombra manchada de sangre, enrollada con un cadáver dentro. O con dos. Al Tuerto no le hace gracia verte empatada con gente de baja calaña.
El Tigre Fabré descorre la puerta de cristal, y cierra las cortinas para que no se vea hacia el exterior. Mattheus enlaza a Kachita por la cintura, la sienta en la gruesa baranda del balcón, le abre las piernas, le acaricia los entre-muslos.
CORTE.
SEC. 63.- EXT. DÍA. FB. MURO DEL MALECÓN. LA HABANA.
Mattheus y El Tigre Fabré pasean junto al muro que bordea el mar. Alrededor una turba de niños empina papalote pese al intenso y alto oleaje.
EL TIGRE FABRÉ:
-Es lento, pero funciona. Y ella está hecha toda una señorona allá en Miami. El francés que se está camelando tiene una cadena de hoteles en Florida. El asunto es convencerlo para que abra otra cadena aquí, garantizándole mejores condiciones, claro…
MATTHEUS:
-Conozco Miami, cualquiera que abra una cadena de hoteles aquí pierde legal en Miami. Además de que el Departamento del Tesoro le cerrará lo de allá…
EL TIGRE FABRÉ:
-No seas ingenuo, Pepito. Todo está cuadra’o. Los hoteles no aparecerán con el nombre del francés. Los pondrá a nombre de ella.
MATTHEUS:
-De todas formas esto va p’a largo, demora, y yo no aguanto más en este giro de estar secuestrando a la gente p’a robarles…
EL TIGRE FABRÉ:
-No te me quejes; no me irás a decir que el negocio que Kachita nos está poniendo, en lo que esperamos para el gran golpe con el francés. no está estelar. Y no se trata de robo, yénica. Se trata de desplumar a los ricos en nombre de una causa, punto.
MATTHEUS:
-¿Y Kachita? En lo suyo, a golpe de cintura, ¿no?…
EL TIGRE FABRÉ:
-Kachita, ay, Kachita. Si yo soy el Tigre Fabré ella es la Tigresa de Bengala. Se ha puesto en combinación entre los empleados de los hoteles del francés y una agencia de viajes. Los turistas americanos que nos manda pasan por esa agencia, y de ahí a México o Canadá, y de Canada o México para acá. De paso se toca con un dinero extra que le da la agencia de viajes por llevarles clientes. Clientes que luego nosotros desguasamos aquí. ¿No está jugando la mundial?
Mientras El Tigre Fabré cuenta esto veremos imágenes de Kachita vestida con un traje de chaqueta, aconsejando a unos clientes en una agencia de viaje.
MATTHEUS:
-Es muy riesgoso, tengo ganas que se acabe esto ya, y pasar a otra cosa.
EL TIGRE FABRÉ:
(saca el móvil del bolso)
-Es más, mira, voy a llamarla.(Marca número) Hello, ¿Kachita? Tiburón que no muerde se lo lleva la corriente. ¿Qué bolaíta, mi china?…(espera que ella sea la que hable) ¡Esa sí es buena noticia!… Bueno, ‘bye’, monada.
MATTHEUS:
-Me hubiera gustado saludarla.
EL TIGRE FABRÉ:
-Lo mejor del día. Todo listo… Mira quien viene por ahí: Polifemo en carne y hueso.
El Tuerto se acerca dando tumbos.
EL TUERTO:
-Disculpen, bróders, pero tengo una resaca que p’a qué. Anoche metí p’a pea con cinco niñas ahí, y todavía no me he acosta’o.
EL TIGRE FABRÉ:
-Acabo de colgar con Kachita. A punto de caramelo el gran golpe. Le hace falta alguien por allá.
EL TUERTO:
-Tú sabes que yo no puedo. Me tienen ficha’o, y ni aunque me hagan la cirugía plástica, lo del ojo ñuengo lo percibe cualquiera. Manda a éste, a ver si se espabila.
Mattheus balbucea para por fin quedar en silencio. El Tigre Fabré lo mira relambí’o.
MATTHEUS:
-¿Quiere decir que tengo que ir yo?
EL TUERTO:
-Ekelekuá, filósofo.
CORTE.
SEC. 64.- EXT. DÍA. FB. COSTAS DE VARADERO.
El Tuerto, El Tigre Fabré, y Mattheus toman un yate; sin esconderse para nada. José está cambiado, se ha cortado el pelo y lleva bigote. El yate sale. Viaje tenso, en silencio. Con ellos viajan unos balseros.
CORTE.
SEC. 65.- EXT. DÍA. FB. LOS CAYOS.
Arriban Mattheus, El Tigre Fabré y El Tuerto a orillas de Los Cayos. Unos tipos vestidos muy pobres esperan con una patera. El Tigre Fabré paga y le entregan la patera. Los balseros pagan al Tigre Fabré.
EL TUERTO:
-Aquí nos separamos.
(a Mattheus)
EL TIGRE FABRÉ:
-Chico, pórtese bien. Que Elegguá te acompañe.
(abraza a Mattheus)
EL TUERTO:
-Sobre todo que se porte bien con mi hermana.
(le pellizca una mejilla a Mattheus)
MATTHEUS:
(dándole un manotazo)
-Deja la pesadez, compadre; ¡ño, hasta el último minuto eres un bofe de perro!
Mattheus salta a la patera, se acomoda, empieza a remar. La orilla está cada vez más lejos. Un niño balsero acomoda la cabeza en sus muslos y se duerme, Mattheus le acaricia los cabellos. Luego se dispone a recoger el dinero, ocho mil dólares por cabeza.
CORTE.
(Continuará…)

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