No escondas el cuerpo – Las iniciadas.

Dos poemas de Cuerdas para el lince (Lumen, 1999).

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NO ESCONDAS EL CUERPO

Ella le brinda mandrágora            se tasajea el ombligo

y pestañea delineada por el kohol

Nefertiti             la bellísima

desnuda y enjoyada bajo los rayos del sol

con el torso mutilado      eso sí

el lóbulo mordido     el ojo izquierdo en blanco

ni maliciosa       ni ambiciosa      ni víctima

se ríe finísimo      sin desastres

con los dientes vivos vivos

pregunta con el clásico tono de las diosas

¿Lo amé porque era el hijo de Tiyi?

Pero no     lo amó porque desafiaba

con una triste mirada impúdica

Nefertiti      la bellísima

se abrocha la minifalda plisada de lino transparente

se alisa las cejas con la yema ensalivada

piedra caliza     cuarcita roja    policromada

Está alejándose de Tell-el-Amarna

está perezosa

No escondas lo tuyo

Total    tu hombre ni siquiera existe.

LAS INICIADAS

El príncipe sacerdote de Knossos

estucado en lirios y plumas

la mano sobre el pecho

¿qué agarra con la otra?

erguido ante el espectáculo de las macizas

afincadas en los tarros

una y otra vuelga de carnera

sobre el lomo prieto

para caer

rectas de espaldas al miedo

las damas tirintas se abren los corpiños

liba     liban     liban

las cretenses saltan por encima del príncipe sacerdote

el de Konossos tiene una mano mojada como una lechiga

y con la otra acaba de apartar a la bestia

las damas tirintas no son bobas

y lo arrastran por la negra cabellera

ufanas pero sin conocer la mantequilla

las cretenses ofrecerán al público las orejas y el rabo.

Zoé Valdés.