Dos poemas de Cuerdas para el lince (Lumen, 1999).
***
NO ESCONDAS EL CUERPO
Ella le brinda mandrágora se tasajea el ombligo
y pestañea delineada por el kohol
Nefertiti la bellísima
desnuda y enjoyada bajo los rayos del sol
con el torso mutilado eso sí
el lóbulo mordido el ojo izquierdo en blanco
ni maliciosa ni ambiciosa ni víctima
se ríe finísimo sin desastres
con los dientes vivos vivos
pregunta con el clásico tono de las diosas
¿Lo amé porque era el hijo de Tiyi?
Pero no lo amó porque desafiaba
con una triste mirada impúdica
Nefertiti la bellísima
se abrocha la minifalda plisada de lino transparente
se alisa las cejas con la yema ensalivada
piedra caliza cuarcita roja policromada
Está alejándose de Tell-el-Amarna
está perezosa
No escondas lo tuyo
Total tu hombre ni siquiera existe.
—
LAS INICIADAS
El príncipe sacerdote de Knossos
estucado en lirios y plumas
la mano sobre el pecho
¿qué agarra con la otra?
erguido ante el espectáculo de las macizas
afincadas en los tarros
una y otra vuelga de carnera
sobre el lomo prieto
para caer
rectas de espaldas al miedo
las damas tirintas se abren los corpiños
liba liban liban
las cretenses saltan por encima del príncipe sacerdote
el de Konossos tiene una mano mojada como una lechiga
y con la otra acaba de apartar a la bestia
las damas tirintas no son bobas
y lo arrastran por la negra cabellera
ufanas pero sin conocer la mantequilla
las cretenses ofrecerán al público las orejas y el rabo.
—
Zoé Valdés.


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