
Gandinga Guacarnaco Trucutí Comeyerba es un pobre tipo de Miami que se dedica a jugar con pistolitas de plastilina a asaltos de mentirita, ah, y a tirar su bala, digo, su baba vomitiva contra molinos de pedos, no de vientos -sobre todo en contra de las mujeres.
Como el gran machandango que pretende ser, también con cerebro de macilla –según las fotos de sus bíceps y tríceps de los que alardea con encono en contra del mundo mujeril- su mayor problema es al despertarse, cuando tiene que ir al baño, y halar por el mocho, y ahí entonces debe comprobar una vez más que es un pobre gandinga guacarnaco trucutí –que no trucutú, ni eso- pichaetirria.
Además de mochoesiquitraqui alardoso y bambollero tiene que levantarse cada mañana a comer yerba, y no la yerba de su casa, no, la de los jardines colindantes, la yerba podrida de sus vecinos; es la razón por la que se ha ganado el nombrete de Gandinga Guacarnaco Trucutí Comeyerba.
Para colmo, lo mismo se vende al castrismo que al miamismo procastrista, que al miamismo más llano y rastrero.
Pero lo suyo, su «detallito» por encima del de summum del nec plus ultra, reitero, es ir de cuernos en contra de las mujeres. O ellas contra él. ¿Envidia o caridad? ¿Odio brutal o desquite sentimentaloide? No, ansiedad de raja. No de poseerla penetrándola, sino de tenerla para ser entollado. ¡Que se opere de una vez con la Chacumbelina y se injerte los bisceps y los tríceps en los bembos de la entrepierna y no recontraultramegarejoda más!
En sus sueños más sublimes se interpone entre él y la eternidad una crica, no, perdón, un crical, un jardín de tornasoladas cricas como el crisol de su quimera más ardiente (¡ño, apreté!). Entonces en ese instante aúlla mesándose los cabellos con voz atrincherada (todo al final tiene que aparentar muy como de guerra, muy como de stallone o terminator, para tapar la letra, pero la letra siempre se le sube a la moñita que luce en el güiro, que luce, dice él, en honor a un samurai, uhum ¿un samurai con sable o desablado? ¡Qué manera de comer pin… tura…!): «¡Picha, picha, quiero picha aquí adentro!». Pero el «aquí adentro» es lo que le falta, o sea de lo que carece, de una buena papayona y unas tetas como las que no se cansa de enseñar, no las suyas, claro, las de sus ideales «seminales».
Pobre Gandinga Guacarnano Trucutí Comeyerba. Tan solo, tan “esputrefacto”, tan pitiminí.
Zoé Valdés.
(Tan o más puerca que nunca).

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