Tengo una queridísima amiga que es la dueña del blog, y a ella me dirigiré antes que a nadie más de todo corazón, porque ella ha perdido a una amiga que es fue siempre de un valor extraordinario. No solo para ella, sino para todos los que aun sin conocerla personalmente nos beneficiamos, sí, nos beneficiamos de su existencia. Y me explico: todos nos beneficiamos de la existencia de artistas excepcionales que son –sin más y sin pretenderlo- las personas-referencias de lo que a pesar del castrismo queda como nuestra cultura. A ver si me explico, que no soy muy bueno en eso de explicarme, Gina Pellón fue un pilar del arte verdadero de Cuba. No de ese arte inventado de los cacho’e cretinos que se dan como la mala yerba isleña, no. Una artista verdadera, de esas que nacen una vez, cuando más dos, en un siglo. Y todos aquellos que pestañearon –con un pestañazo largo, como esos de la incultura castrista, se la perdieron. Cuando uno se pierde a alguien así, de una cultura que trasciende una isla perdida en el Caribe –perdida sí, por mucho que se vea en el mapa la isla esta perdida- entonces uno se habrá perdido a alguien que es un referente de la cultura mas amplia, con raíces en sitios donde no puede uno ni imaginar. Y no hablemos de los frutos de esa cultura. Pero mejor lo dejo aquí, y envío a nombre mío y de mi familia mis más sentidas condolencias a Zoé, a quien considero una hija espiritual de Gina Pellón.
Ya dicho esto, que debo decir mil veces, porque cada vez que pierdo –y lo digo de modo personal- a uno de estos artistas, que son de los de verdad y no de los fabricados por el castrismo, que no me dan frío ni calor, pues me quedo un poco más solo en este mundo. Me queda solo mi familia, que ya no es extensa, y mis pocas y contadas amistades.
Y hoy, cuando Zoé esta adolorida, y lo estoy yo también por su dolor y la pérdida, otra querida amiga me llama al raciocinio y me dice, “but babe, this woman has her husband pussy whipped”. Y se abren los cielos. Porque la mujer a que ella se refiere tiene embollado al marido. Y quiénes son esos, se preguntarán ustedes con toda razón. Pues nada menos que los conocidos en inglés como FLOTUS y POTUS, Miguelina y Baraco. FLOTUS no me da impresión como a otra amiga muy metida en lo del yoga por cierto de flor de loto. Me da impresión de flatulencia, o de pedorrea tormentosa, a nivel de huracán categoría cinco. POTUS, por su parte, me da la impresión de tibor, del inglés potty. Pues ahí es donde están unidos para siempre la pedorrea de niveles de cataclismos meteorológicos y el humilde tibor, sin pretensiones.
Pues resulta que la primea dama de este país, FLOTUS, envía por conducto de su maridito el POTUS, un regalo nada más y nada menos que a Panchito el Papa. Semillas y frutingalas de su huerto presidencial. Y nada, que le digo a Panchito que cuidado con la brujería que le están haciendo, que eso es un quilombo de esos malos. Lo van a dejar bailando el guaguancó en un solo pie, que ni el tai chi lo va a salvar. Miguelina le mete duro, Pancho, hazme caso por una vez. Y el mensajero, POTUS, el pobre Baraco, mira como lo tienen entre la suegra y la mujer. Oreja na’ ma’ en este momento. Dormido y envuelto como un tamal. O pregúntenle por Siria, Venezuela, Ucrania y el Sudán, y verán que él les cuenta cómo Miguelina le prepara los tamales y se queda como medio que confundido. A ver, o que alguien le pregunte al POTUS si se ha dado cuenta que Putin tiene los ojitos chiquitos esos con una bizquera de las malas. Qué va, él se va a quedar callado, porque no le gusta hablar mal de nadie, ni de Putin, ni de Maduro, ni de Asad, ni de nadie que no destiña rojo bajo la llovizna de primavera.
En fin, que el mensaje de esta segunda parte de mi mensaje va directo al Papa Pancho. Habrá que decirle que no pierda pie ni pisada con Miguelina y con la madre, que se fije bien cómo pusieron al Baraco a caminar como un zombie, para que no lo duerman y lo trabajen a él también.
Mucho cuidado, Panchito, ¡mucho cuidado!
Charlie Bravo.

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