Noel Davis Redding nació el día de Navidad de 1945, ya con la seguridad de que la Alemania Nazi había sido derrotada, y en la incertidumbre provocada por los primeros incidentes de la Guerra Fría stalinista. Fue un niño prodigio, arropado en un hogar de la clase media inglesa que sobresalió en sus estudios mientras demostraba una innata habilidad para instrumentos tan disímiles como el violín, la mandolina y la guitarra, desde su infancia. Noel sorprendía a todos, paso a paso, y forma su primera banda a los diecisiete años, destacándose en la guitarra solista con un estilo muy singular que llamó la atención de sus contemporáneos, entre ellos los músicos de The Animals, Clapton, Al Kooper, y John Mayall.
Al ser un guitarrista de guitarristas, es decir, un guitarrista que más que al público interesaba a sus colegas, Noel Redding se convirtió en uno de los músicos mas solicitados de Londres, donde artistas ya establecidos buscaban un sonido que nadie más tuviera.
Uno de esos artistas no llegó a él por sí mismo, sino de la mano de Chas Chandler, antiguo bajista devenido manager de The Animals. El músico en cuestión era un joven norteamericano encandilado por el Londres de los sesenta, su nombre era Jimi Hendrix. Chandler le propuso a Redding que tocara el bajo, que dejara las guitarras a Hendrix y reclutó para la batería a un joven británico llamado Mitch Mitchell. El trío tenía una interesante composición, un guitarrista de blues, un baterista de jazz dado a la improvisación, y un verdadero corazón en el bajo, Noel estaba encargado de llevar el tiempo mientras sus colegas de banda improvisaban con bastante libertad.
Desde las primeras sesiones de ensayo quedó muy claro que Noel Redding no era un bajista común y corriente: encargó un bajo Hagstrom de ocho cuerdas, con un sonido increíble que se debía a la afinación en pares de octavas de sus cuerdas, y se hizo de un Fender VI un bajo de seis cuerdas que usualmente afinaba como una guitarra. En una actuación en el Olympia de París, le quito la guitarra a un asombrado Keith Richards –que curioseaba tras el telón como era el entorno de Hendrix, conectó esa Telecaster al amplificador del bajo y tocó la versión de Red House por la cual Hendrix es más conocido. Esto no fue ni era lo que quería Hendrix, él solo quería un bajista, no un guitarrista de calibre que se portara como un bajista de aun más calibre.
Es curioso como en algunos bootlegs se dice que “Hendrix toca el bajo de ocho cuerdas” sin decir mucho más. No se menciona que mientras Hendrix experimentaba con ese bajo, la impresionante guitarra que se escuchaba era la de Noel Redding. Un músico perfeccionista, decidió que las bandas que abrían para The Jimi Hendrix Experience no estaban a la altura adecuada. Entonces formó Fat Mattress, una banda en la cual tocaba la guitarra prima y que abría para Hendrix. Es decir, tocaba diariamente por unas tres horas en frente a un público muy exigente, que no salía de su asombro al ver al guitarrista empuñar un bajo y tocar al lado de un guitarrista de una presencia como la de Hendrix.
La discografía de The Jimi Hendrix Experience está llena de aportes que un oído entrenado puede escuchar, salidos de las cuerdas de la guitarra y el bajo de Noel Redding. Lástima que los créditos de los discos jamás reflejaron esta realidad. Hasta la canción Fire se inspira en el perro de Cathy, la madre de Noel Redding, que robaba el espacio ante la chimenea cuando Jimi Hendrix frecuentaba el hogar de los Redding para componer.
Esta relación se deterioraría muchísimo por diferencias creativas, por la arrogancia de Hendrix en el estudio y sus celos de Redding cuando tocaban en vivo, y también según se me ha dicho en entrevistas privadas, por la relación de Hendrix con los Black Panthers. Estos comenzaron por chantajear al músico por no ser “lo suficientemente negro” y en un verdadero síndrome de Estocolmo Hendrix se rindió a los chantajistas y comenzó a simpatizar con ellos. Los del Black Panther se envalentonaron y poco a poco fueron forzando la mano, al punto que los dos británicos llegaban al estudio y encontraban a otros músicos. Todo esto afectó mucho a Hendrix, que era un consumado anticomunista, pero que debido a su afición por las drogas y el alcohol era fácilmente manipulable.
Redding también sospechaba que durante los días de Londres operativos soviéticos de la KGB infiltrados en la escena de la música y el arte como “emigrados rusos” con una cantidad de dinero en efectivo y una disponibilidad increíble de drogas estaban poco a poco erosionando a los músicos ingleses y por tanto a la juventud del país. En una entrevista en los años noventa, Redding dijo que no le había sorprendido la muerte de Hendrix, y que no le sorprendería que Michael Jeffrey, manager de Hendrix le hubiera asesinado para ganar mucho más con la desaparición del músico y la subida repentina de las ventas de sus discos. Luego de la desaparición física de Hendrix, Noel Redding forma Road, una banda psicodélica en la ciudad de los Angeles, graba un par de discos y de inmediato se enfrasca en una disputa con la familia Hendrix por sus derechos de autor y los créditos de los discos.
Amargado y después de vender su famoso bajo de ocho cuerdas debido a su situación económica, se retira a un pequeño poblado en la República de Irlanda, donde trabaja en el circuito de la música local sin pisar los grandes escenarios otra vez. Un talento y una gran influencia en muchos músicos británicos y norteamericanos se comenzaba a apagar. Comienza a tocar sets acústicos en bares, y solo en raras ocasiones tocaría de nuevo un set eléctrico con un grupo de amigos, brillando como antes lo mismo en el bajo que en la guitarra.
La vida de Noel Redding llega a su fin en su retiro en Irlanda, el día once de mayo del 2003. Aquejado de cirrosis hepática, su cuerpo cede. Al morir se encontraba aun en una encarnizada disputa con la casa productora que gestiona la publicación de los discos de Hendrix, con los abogados del músico americano, y con la fundación Hendrix comandada por la familia del guitarrista. La disputa aun no se ha resuelto, y Noel Redding es uno de los grandes estafados por un sistema de explotación de los músicos que cada día se revela más abiertamente como un engendro brutal.
Charlie Bravo.

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