Editorial: Literatura y mar. Por Zoé Valdés

Mi habitación en el Palacio de la Magdalena
Mi habitación en el Palacio de la Magdalena

Llevaba tiempo sin ver el mar santanderino, y debo confesar que cada día me gusta más el mar de esta tierra. Nada que ver con aquel caldo fatigoso del mar cubano tan tralaleado por las agencias turísticas y sopeteado por el babeo folclórico. Este es un mar respetable, con una lentitud lírica que hipnotiza. Es pura literatura.

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Estoy albergándome en el majestuoso Palacio de la Magdalena, ayer inauguré los Martes Literarios, y también llevaba tiempo sin hablarle a un público atento y sediento de literatura. Gracias, fue muy hermoso compartir con ustedes. En ese momento volví a sentirme segura de mí misma, de mi trabajo, y las dudas, aunque todavía latentes, se diluyeron por un instante. Pero como saben prefiero las dudas, es mi motor.

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Después bajé al mar, y arrebujada en una piedra esperé a que cayera la noche, en la más divina soledad. Un cúmulo de ideas para otras tantas novelas me vinieron a la mente, tal vez nunca las escriba. No hay vida para tanto.

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Subí a mi habitación y antes de entrar en ella pasé por el despacho de Alfonso XIII, y allí me detuve un rato, chachareando otra vez con los muertos, que son cada vez más a menudo mis mejores interlocutores.

Zoé Valdés.

Fotos mías.