Editorial: El cine de ‘Marzelconzeta’. Por Zoé Valdés

Fotograma de la película
Fotograma de la película

Manuel Marzel es uno de los cineastas más talentosos que he tenido el privilegio de conocer; yo añadiría que es uno de los artistas más armoniosamente ‘malditos’ y brillantes de varias generaciones en todas partes del mundo, no sólo en Cuba ni como cubano. Escritor, pintor, fotógrafo, actor y cantante, además del gran cineasta que es, escribe sus guiones y los perfila hasta la ecuación poética.

Es conocida su obra en Cuba, muy poco conocida, y no es su culpa, su obra en el exilio, la que ha realizado con grandes dificultades, tanto la de cineasta como la de escritor y artista plástico. Pero ‘Marzelconzeta’, como él mismo se firma a veces, no se ha detenido y ha continuado, entre un esfuerzo y otro, una obra de una sutil coherencia estilística. Su estilo es el estilo Marzel, el de su impronta en la vida de los otros, el de su propia vida luminosa y sensual como la caja de resonancias lezamiana, acompañado de un cierto temperamento borgiano.

En el último medio-metraje de Marzel, ‘Last Christmas I Gave You My Heart’ podemos apreciar una historia de soledades y erotismo, de encuentros y pornografía (ese arte tan inútilmente denostado), y al final, como en todo gran arte, todo termina en arte, o sea, en cine.

Agradezco a Besafilms & Marzel, no sólo la puesta en escena, sencilla, económica, y al mismo tiempo sugerente y detallista del ánimo de los personajes, como un altar o pedestal donde Marzel ha ritualizado a esa «monstrua» de actriz que es Bebe Pérez, y al recién descubierto Julián Martínez, además la concentración en un proyecto que pudo haberse desbordado y que más bien ha sido bordado en su justa medida, la de un medio-metraje.

Intuyo que Marzel no ha podido ver todavía ‘Moebius’ (2013), de otro ‘ángel terrible’ genial del cine sudcoreano: Kim Ki-Duk, la película fue incluso censurada en Corea del Sur; su realizador la filmó en un mes, y también con pocos recursos, aunque comparado con Marzel (que sí trabajó como cineasta independiente a palo seco), Ki-Duk tuvo muchos más, porque contó con una producción real detrás, lo que le faltó a Marzel; sin embargo, yo siento que en la misma cuerda del sudcoreano está el cubano, y es precisamente la cuerda que contiene varios nudos en un universo que abarca esos temas que muy pocos valientes y auténticos genios se atreven a tocar: los del cuerpo que enferma y envejece, los del deseo en soledad, los de la rutina y su decadencia minimalista. Los del amor y el arte, en fin, con sus inoportunos aciertos y a veces sus bienvenidas crueldades.

Zoé Valdés.