Mientras buscaba en internet algún texto nuevo sobre la actriz Myriam Acevedo, para una nota por el primer aniversario de su muerte, el pasado 22 de julio, descubrí Bewitched. Buscando a Maggie Prior , que el 16 de junio de 2014 Rosa Marquetti subió a su blog Desmemoriados. Historias de la música cubana.
En su breve perfil, la Marquetti, una agraciada mujer negra de unos 40 años, dice: «Soy privilegiada de trabajar en algo que me gusta mucho. Vivo la música, el cine y las artes visuales. Trabajo en temas de derechos de autor. Me apasiona la historia de la música y los músicos cubanos e investigo y escribo sobre ellas». Luego de rastrear en la red, me entero que es autora de un texto novedoso titulado ‘El jazz en la producción cinematográfica cubana’.
Rosa vive y trabaja en La Habana, no es disidente ni periodista independiente: es una funcionaria con un título universitario. Objetiva y profesional. En su pesquisa sobre Maggie Prior escribe sin epítetos ni calificativos, pero sin faltar a la verdad.
Después de leer su trabajo, uno le agradece habernos redescubierto a Maggie Prior (Santiago de Cuba 1942-La Habana 1992) y habernos recordado la década de 1960-70, con su lado bueno y malo.
En una parte, Rosa Marquetti escribe: «Maggie, al igual que muchos, leía lo mismo a Calvert Casey que a Cortázar, Carpentier o Frantz Fanon, en aquella Habana en que lo normal era intentar cultivarse y estar al día en el conocimiento».
Y así era. Tal vez hubo su poco de snobismo, pero la gente de mi edad, veintitantos años, siempre estábamos leyendo algún libro, íbamos a conferencias de literatura y exposiciones de pintura, nos matriculábamos en cuanto curso anunciaran de entrada libre (yo fui a uno en Bellas Artes sobre arte precolombino) y como ya habíamos visto tantas películas hechas en Hollywood, tratábamos de no perdernos los filmes europeos, sobre todo de los grandes directores franceses e italianos. Una vez a la semana iba al Payret, entonces con dos tandas.
No recuerdo que habláramos de ropa, zapatos, peinados ni dinero, y en mi entorno, la política era el plato fuerte. En aquel tiempo, la música ocupaba un lugar principal, cada uno asistía a las presentaciones o bailables de sus cantantes favoritos, fuera Benny Moré o Pacho Alonso. El feeling y el bolero tenían muchos seguidores. Otros, como Maggie, preferían el jazz y la música de Estados Unidos y Francia.
En mi adolescencia, la radio era el medio principal para estar al tanto de los números más escuchados del repertorio popular cubano y del Hit Parade estadounidense. A mí me gustaba también la música instrumental y clásica, por eso en los 60 y 70, cada vez que podía, iba a conciertos en el Amadeo Roldán.
Otro de los lugares preferidos de los jóvenes de mi época era la Biblioteca Nacional, inaugurada en 1957. En la cafetería, por muy poco dinero, podías tomarte un batido de mamey bien frío y un bocadito de pan de molde tostado con jamón y queso.
Antes que en 1968 llegara la ‘ofensiva revolucionaria’ y con ella las nacionalizaciones de bodegas y otros negocios privados, el trato de Señor y Señora ya había sido eliminado. Junto con el ‘compañerismo’, llegaron las prohibiciones a escuchar música en inglés, los campos de concentración de la UMAP en Camagüey y la persecución a religiosos y homosexuales, entre otras medidas represivas.
No exagero si afirmo que los cubanos nacidos en los 40 y que en 1959 teníamos 16,17 años, en educación, cultura y reglas de cortesía, fuimos de los mejores. Después, a medida que la ‘revolución’ fue avanzando, el comportamiento de los cubanos fue retrociendo y hoy, salvo excepciones, lo que abunda es la chusmería, la vulgaridad y la falta de respeto.
El excelente trabajo de Rosa Marquetti sobre Maggie Prior lo voy a reproducir en dos partes en mi blog, a principios de octubre, con una breve introducción donde digo que tuve la suerte de escuchar cantar a Maggie en La Habana de los años 60.
Una ciudad con una fabulosa vida cultural que en vez de seguir estimulando, la revolución lo que hizo fue pasarle una aplanadora e ir desapareciendo todo aquel talento musical, artístico e intelectual que se concentraba entre las barriadas de Cayo Hueso y El Vedado, y en La Rampa tenía el corazón.
Hay que agradecer a Rosa Marquetti y Senén Suárez, fallecido en octubre de 2013, que hayan puesto sus blogs al servicio de la música y la cultura nacional. No son los únicos, en internet se localizan otros. Personas que sin recursos, pero con amor y dedicación, recuerdan la huella musical y cultural dejada por tantos y tantos cubanos en el último siglo.
Tania Quintero
Foto de Maggie Prior. En su trabajo Rosa Marquetti aclara que pertenece al archivo personal de Zenaida González.


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