CONVENCIMIENTO.
Que un tiparraco tan melodramático y soso como Fidel Castro haya cogido p’al trajín al pueblo cubano hasta someterlo a lo más bajo del lodazal moral que se pueda imaginar, no dice nada favorable acerca de la calidad de ese pueblo que lo siguió y aplaudió, y lo sigue venerando aún después de muerto, empedrado, y de casi 60 años de tiranía.
Que encima después llegue su hermanucho, nombrado de a dedo, todavía más sapingonauta, sonsón y pajareta, y haga lo mismo y hasta peor, sólo habla de que no habíamos medido lo suficiente el nivel tan nulo, indecente y rasante de ese pueblo más astuto para la maldad que agudo para la bondad.
Que para colmo toque el turno de a dedo, pero esta vez metido en el culo, de un cretino tan mediocre como Coco Canel que se cree que es presidente de algo, y para más desgracia la plebe salga a alabarlo en un ataque de histeria colectiva sólo significa que los carneros son príncipes, qué digo príncipes, reyes, emperadores, dioses, comparados con estas once millones y medio de placentas con carnet de identidad.
Que además consigan venderles que el exilio nunca fue exilio -rebautizándolo como ‘diáspora’ económica y hasta intelectual-, expropiándolos (una vez más) de ese título tan decoroso que es el de ser un exiliado con vergüenza, y rebajándolos todavía más a simples mendigantes forajidos, o piezas de cambio de foráneos, y que para más inri les obliguen a leer lo mismo Granma que Pingaencuentro que Diarrea de Cuba, porque si no los leen mientras saltan serán insultados como yanquis, sólo corrobora lo que vengo diciendo y escribiendo desde hace años: las cucarachas tienen más coraje, las ratas más honor, y las masinguillas (las ladillas de las ladillas) más cerebro que los cagonios.
Zoé Valdés.
(Publicado originalmente en Facebook).


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