De un huevo congelado, dos fritos: 60 años de socialismo castrista

DE UN HUEVO CONGELADO, DOS FRITOS: 60 AÑOS DE SOCIALISMO CASTRISTA.

Me mandan un vídeo por el privado de Facebook de una señora muy contenta y hasta oronda allá en Cagonia, en transe y por la labor de sacar dos huevos fritos de un huevo congelado.

¡Qué logro socialista, sacar de un huevo congelado, dos huevos fritos! Además de freírlos en agua, porque no hay aceite, según dicen, y que es verdad, porque ¿cuándo ha habido aceite?

Anjá. Pero, a ella se la ve tan feliz y hasta cómica o haciéndose la cómica, porque para ella estará como que innovando, es lo que le habrán metido en el medio cerebro que le queda sano.

Me vienen a la mente los ‘bisteques’ de frazada de piso adobados con cebolla en polvo (soviética, a saber si aquello era cebolla), las croquetas de ave, de averigua, las pizzas de preservativos chinos que en sabor creíamos que igualaban o sobrepasaban al queso Parmesano, y el jamón de gato (que yo me negué a probar aunque veía doble del hambre, tanto, que el oftalmólogo me mandó espejuelos fondo de botella aclarándome que lo mío era más hambre que hipermetropía y etcétera y demás)…

Treinta años más tarde de aquel otro período especial de los ochenta y noventa el único avance alimenticio ha sido multiplicar un huevo congelado y -¡oh, milagro!- conseguir dos huevos fritos.

Eso es el socialismo. Sesenta años para que, de un huevo congelado salgan dos fritos. Espabila, España.

Lo que trajo el Acorazado Potemkin.

Zoé Valdés.