El tenor y la fulana. Por Zoé Valdés

EL TENOR Y LA FULANA.

¿Cómo es posible que Plácido Domingo estuviera besando a esta fulana (tal como cuenta) y tocándola todo el rato (o ‘ratu’, en el sentido asturiano, según Sergio Valdés) y ella se dejara sin un empujón siquiera? Ah, ahora viene la excusa con el aquello de que si querías seguir de cantante había que dejarse.

No me vale.

Primero, porque esta señora no sólo no continuó en la carrera musical, o si la continuó fue una carrera de mierda, pese a todos los repellos, abusos y/o achuchones del tenor (y no de cualquier tenor, sino de Plácido Domingo), de ella no se conoce nada, su nombre no sale como mezzosoprano ni en los centros espirituales de Guanabacoa.

Segundo, porque a pesar de todos los acosos que muchas mujeres habrán tenido que evitar, impedir, o lo que sea, una enorme cantidad de ellas han hecho sus carreras y han sido reconocidas como lo que son: mujeres brillantes en lo suyo.

Tercero y obvio: Esperar 30 años para denunciarlo me parece como mínimo un pésimo ejemplo para las jóvenes que en la actualidad pudieran estar pasando por lo mismo. Sin contar que en todo este tiempo, y a juzgar por las lágrimas vertidas en los últimos minutos televisivos, el sufrimiento debió de haber sido tal que no entiendo cómo no se mataron. Con tanta gente útil y valiosa que lo hace a diario.

Zoé Valdés.