Me comentan que se ha puesto de moda brindar con orine. Vas al baño, meas en una copa de champán, y se lo entregas al comensal que tengas enfrente, él hará lo mismo con su copa repleta de espumoso meado.
Pronto iremos a cagar en platos dorados y cenaremos el mojón reciclado del prójimo acabado de salir calentito del culo.
Es un sin vivir. Como en el final de Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante: «Ya no se puede más…»
Bah.
Zoé Valdés


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