-¿Cómo se llama tu gata, por qué y cómo llegó a tu vida? -adopción, compra, etc…
-Mi gata se llama Sócrata Nureyeva Lazarita Milagrosa de Todos los Santos. Llegó a mi vida el 17 de diciembre del 2014, era todavía muy pequeña. Me la trajo mi hija, venía de la casa de una amiga suya. Sócrata era la última gatita hija de una gata que había parido seis, padre desconocido. Nadie la quería porque decían que era muy fea, la más fea. Sin embargo, cuando la vi, me sobrecogió, tenía esa mirada tan tierna, y honda. Yo no quería aceptarla, porque siempre tuve animales y sé lo que se sufre cuando enferman y mueren, o cuando pasa algo en lo que no puedes intervenir ni hacer nada. Finalmente ella fue seduciéndome, poco a poco, como saben hacerlo los gatos. Mi hija me la trajo en un momento en que yo estaba pasando por una situación muy terrible. Y así entró, llave del alma en la pata…
-Le dedico ese libro y debiera dedicarle todo lo que he escrito desde que vive conmigo. Porque ella ha estado junto a mí en mis lecturas, en mi escritura, siempre atenta, siempre cuidándonos una a la otra. Ella me ayudó a empezar a escribir de nuevo, a re-aprender a vivir conmigo y con mis pensamientos. Respeta mis espacios y yo los de ella. Me quiere como lo que soy: escritora, y yo a ella como lo que es: filósofa.
-He tenido los dos. No sabría decidir… Los gatos se llevan mejor conmigo. Los perros enseguida me trajinan a su antojo, dominan y mandan. Los gatos me dejan hacer, estar, y saben que soy más como ellos: libres e independientes. He tenido gatos y gatas. No he visto diferencias entre ellos. Debo volver a André Gide y a su ‘Corydon’.
-Me salvó la vida. Yo no quería vivir y ella me salvó la vida. Ella evitó lo peor.
-Por cierto, ¿Por qué su nombre?
-Soy muy amiga de la cineasta y escritora Nadine Trintignant. Nadine tiene una gata preciosa a la que bautizó con el nombre de Nietzsche, porque también es muy pensadora, y se la pasa maullando igual que una filósofa, igual a esos que se autodenominan filósofos, que salen a filosofar públicamente y se quedan medio tartamudos en la Caja Tonta Que Eructa (la tele). Entonces le dije que había llegado una gatita a mi vida y que reaccionaba muy parecido a Nietzsche, y que le buscaría un nombre de filósofa o de trágico griego, pensé en Terencia por Terencio, pero después me dije que Sócrata, por Sócrates, le venía mejor. Ella cumple a pie juntitas con eso de “Conócete a ti mismo”, atribuido a Sócrates, entre otros filósofos griegos. Nureyeva porque la noche que la puse por primera en mi regazo yo estaba viendo un ballet con Nureyev y ella se quedó absorta, más pendiente que yo de las magníficas piruetas del bailarín. Lazarita porque llegó a casa el 17 de diciembre, día de San Lázaro. Milagrosa porque me salvó la vida, fue un milagro para mí. De Todos los Santos porque es santa, tan santa que debiera ser canonizada, pero no por este Papa de ahora. A ella no le gusta Francisco, ni a mí. Ella es ver a Francisco en la Caja Tonta Que Eructa y salir mandada, igual cuando ve a Castro en imágenes documentales, o al Castro II, o a Díaz Canel, o a Maduro. Ella es una gata muy antitotalitaria. Eso sí, adora al Rey, a Felipe VI, y a Cayetana Álvarez de Toledo. Tiene buen gusto.
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada…’


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