Escribir me provoca cada día más dolor. Entrar en la palabra es como si me hundieran un sable y me lo revolvieran en las tripas con encono.
Pintar me sana, pintando me olvido de todo, hasta de mi mano. Mi mente se filtra entre las pinceladas, amalgamas y tibios colores. Vuelo.
Lo malo es volver a mi, aquí, y anhelar otra vez la trituración por la escritura.
Zoé Valdés.


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